¨Lo que creemos sobre
cualquier sustancia que consumimos, puede influir de manera poderosa en cómo
esta afecta nuestro cuerpo¨ - Marc David
Quise escribir este post porque en los últimos tiempos muchas
amigas me han preguntado: Huevona, ¿Cómo bajaste de peso?, ¡Pásame tu secreto!,
Esta vez sí te quedaste flaca para siempre no? (Gracias). Me la pasé
luchando contra los números en la balanza, subiendo y bajando constantemente
sin tener ¨éxito¨ desde finales de secundaria hasta gran parte de mi carrera
universitaria.
Mi cuerpo había cambiado tras perder 12 kilos y no tenía una respuesta a esas preguntas ya que nunca consideré que hice dieta, no realicé ningún tipo de ejercicio adicional a las actividades del día a día – soy una persona más o menos sedentaria- y comía sin privarme de nada.
Mientras conversaba con una prima que estudió nutrición, salió
a relucir el tema del poder que tiene la mente sobre lo que consumimos y la
relevancia que habían tomado los nutricionistas integrales, que no sólo
ofrecían un plan nutricional sino que también actuaban como psicólogos. ¿Un
nutricionista que también es psicólogo?, me pregunté. Entonces empecé a indagar
sobre la posible relación entre mente y cuerpo, específicamente lo que consumimos.
¿Qué pudo haber hecho
que lograra ese cambio?
Empecé este post con una frase de Marc David, fundador del
Instituto de la Psicología del Comer, porque justamente lo que él expone en sus
investigaciones tiene mucho que ver con lo que me sucedió. Marc propone en su
artículo Mind Over Food que lo que pienses y cómo te sientes con respecto a la
comida pueden llegar a ser determinantes importantes en su valor nutricional y
su efecto sobre el peso tanto como los reales nutrientes de la misma. Todo ello
está basado en el hecho de que nuestro cerebro se conecta con nuestros órganos
digestivos mientras comemos. ¿Cómo
sucede este proceso y cómo afecta el metabolismo? Presta atención porque se
vienen nombres que, si no eres doctora, probablemente no has escuchado desde que
te enseñaron un poco de anatomía en el colegio. La imagen y la noción de lo que
comemos ocurren en la corteza cerebral. Desde ahí, la información es
transferida al sistema límbico donde se encuentra el hipotálamo. Éste último se
encarga de poner en conjunto todo lo que sucede en el cerebro con la biología
del cuerpo (David, 2014). Entonces, el placer
en lo que comemos es recibido como algo positivo por el cerebro, lo que
finalmente hace que la digestión sea
estimulada y el metabolismo se acelere. Por otro lado, el sentimiento de culpa o cualquier pensamiento negativo frente a
lo que comemos genera una reacción contraria, la digestión y el metabolismo se vuelven más lentos.
Con esto no
quiero decirte que vayas al Mc Donalds más cercano, te pidas cuatro Big Macs y
te pongas a pensar intensamente ¨Esto no me va a afectar, esto no me va a
engordar ni un gramo¨, sabemos que la cosa no funciona así. Come y disfruta
cada bocado, pero sé consciente de qué es lo que necesita tu cuerpo.
Hambre emocional
Creo que las personas que buscamos cambiar los números en la
balanza con desesperación hacemos de la comida el centro de nuestras vidas. Nos
pasamos el tiempo preguntándonos ¿Qué vamos a almorzar? Y todavía ni
desayunamos, el típico: No pan, no arroz, no azúcar, ¿Cuándo toca pesarme?,
¿Cuándo seré regia como Lorena?, ¿Por qué no me queda el vestido igual a Camila?
¡Maldita Sofía! TODO gira en torno a
la comida y sin darnos cuenta ya estamos creando imágenes negativas sobre
ella en nuestro cerebro. Lo peor es que, inconscientemente, producimos la llamada Hambre Emocional, definida como la
ingesta o supresión de cualquier tipo de alimentos como respuesta a emociones negativas.
Concuerdo con la reconocida chef y escritora inglesa, Thomasina Miers cuando dice que la
relación con la comida es una manifestación de lo que nos está sucediendo. Unas
de las cosas más importantes y, a mi parecer, la más complicada de entender
mientras intentaba como loca perder esos kilos de más es lo que yo llamo limpieza mental, un trabajo constante
para evitar pensamientos negativos sobre ti y lo que te rodea y llenarte de
pensamientos positivos que te motiven a ser mejor, sobre todo en el interior. Es totalmente entendible no sentirte
cómoda cuando te sientes ajena al cuerpo
que tienes, sobretodo si antes antes no era así. Asimilar que lo que sientes es normal
es el primer paso para empezar con esta limpieza. Lo que no es válido es
quedarte ahí. ¡Elimina eso que tanto te
perturba! Desecha todo lo negativo, sea algún amigo, pareja, pensamiento,
deseo, aplica para todo. Resalta las cosas positivas que hay en ti. Una vez
que le empiezas a dar relevancia a lo que realmente importa, la manera en la
que te veías al espejo habrá cambiado para siempre. Porque sí, de la noche a la
mañana tu cuerpo no habrá cambiado, pero la manera de afrontar la situación será
distinta y ahí inicia todo. Nos hacen creer que sólo cuando bajemos de peso nos
vamos a sentir mejor con nosotras mismas y estar ¨tranquilas¨, pero creo
firmemente que primero debes aceptarte en el ahora porque sólo eso te dará la
tranquilidad y claridad que necesitas para calmar el hambre emocional y
realizar la limpieza mental, llegar a la meta y, sobretodo, mantenerte en ella.
En mi caso, tuve que aprender a aceptarme en el ahora, porque era lo que tenía y en ese momento no sabía si mi cuerpo cambiaría.Reconocí que
ese cuerpo no era el que quería, pero tenía que aceptar que era lo que
había.
Poco después, el cuerpo ya no era mi enemigo y me pasó lo que pasa cuando quieres a alguien: te preocupas por él, lo escuchas, tratas de responder a sus necesidades y le das lo mejor. Es una relación que nunca acaba, pero a diferencia de las dietas, comer mejor ya no es aburrido ni frustrante.
Poco después, el cuerpo ya no era mi enemigo y me pasó lo que pasa cuando quieres a alguien: te preocupas por él, lo escuchas, tratas de responder a sus necesidades y le das lo mejor. Es una relación que nunca acaba, pero a diferencia de las dietas, comer mejor ya no es aburrido ni frustrante.
Olvídate de las dietas
No te agobies intentando bajar los
números en la balanza. Fíjate en los nutrientes, no en las calorías. Encuentra
el equilibrio. Recuerda que no hay
evidencia sólida que pruebe que hacer dieta te hace bajar de peso y estar
saludable por largo tiempo.
Para terminar, te dejaré unos tips que Holly Lowery, coach en
salud, publicó en un artículo y que he decidido adaptarlos un poco teniendo en
cuenta mi experiencia.
- Date permiso: para comer de todo. No te sientas culpable si te provocó un chocolate y lo comiste o si decidiste comprar una pizza para almorzar o si comiste un helado mientras veías películas. Escucha lo que el cuerpo te pide, conoce tus límites y equilibra tus comidas.
- Sé curiosa y consciente: por lo que consumes. Infórmate sobre los alimentos, sus nutrientes, el aporte que tienen a nuestro cuerpo. No hablo de calorías, hablo de contenido nutricional. Empecé a darle mayor importancia al consumo de frutas y verduras, comencé a ver distintos documentales que hablaban de comida. Este tipo de ¨curiosidades¨ te concientizan más sobre lo que realmente estás ingiriendo y las posibles reacciones de tu cuerpo ante ello. A medida que aprendes, vas tomando mejores decisiones. Son nulas o casi nulas las veces que veo calorías. Lo que veo es la naturalidad del producto, mientras más natural, sé que mi cuerpo lo procesará de una mejor manera y estaré aportando mayores beneficios al mismo.
- Siente placer: cada vez que comas algo. Trata de disfrutar al máximo cada bocado y sí en un punto ya no lo estás disfrutando, probablemente sea porque tu cuerpo ya no lo necesita. Ponte a prueba y empieza a diferenciar cuando algo que estas consumiendo ya no te genera ese placer que trae consigo una poca de felicidad.
¡Que la comida sea tu
nueva aliada!
Y que todo lo que quieras lo cumplas,
Fer

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